Un neurólogo es un médico especializado en el cerebro y el sistema nervioso. Comprenden cómo funcionan estos sistemas corporales y cómo pueden afectarlos diversos trastornos. Por tanto, si tienes problemas de memoria, un neurólogo es el médico perfecto para ayudarte a averiguar qué está pasando.
Igual que hiciste cuando visitaste a tu médico de atención primaria para hablar de tus problemas de memoria, es buena idea prepararse para una visita al neurólogo:
- Haz una lista de los síntomas de los que quieres hablar. Puedes utilizar la lista que hiciste cuando visitaste a tu médico de atención primaria o hacer una nueva utilizando nuestra hoja de ruta gratuita para la pérdida de memoria. En cualquier caso, tener estos datos por escrito garantiza que te acordarás de compartirlos con tu neurólogo.
- Pide a alguien que conozcas que te acompañe a la visita. La mejor elección es la misma persona que te acompañó a la visita con tu médico de atención primaria. Al fin y al cabo, ya está familiarizada no sólo contigo, sino también con los síntomas que experimentas y con lo que te dijo tu médico de atención primaria. Sin embargo, si esa persona no está disponible, no pasa nada. Cualquier persona de confianza será un buen compañero para ayudarte a navegar por la visita y tomar notas que puedas consultar más tarde.
Es posible que el neurólogo también quiera una copia de tu historial médico, incluidos los resultados de tu visita más reciente con tu médico de atención primaria. Muchos grupos médicos transfieren estos historiales por ti, pero en algunos casos, tú (o un amigo o familiar de confianza) tendréis que encargaros de que los envíen a la consulta del neurólogo antes de la visita.
Una vez llegues a la consulta, el neurólogo dedicará algún tiempo a conocerte, tus síntomas y tu historial médico. Pueden pedirte que completes una sencilla evaluación cognitiva (como la “Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA)”) para ver cómo funcionan tu cerebro y tu memoria. El objetivo de esta visita no es diagnosticar inmediatamente un trastorno concreto, sino ayudarles a determinar qué pruebas adicionales proporcionarían la información detallada necesaria para comprender qué le ocurre a tu cerebro y a tu memoria.
Las pruebas habituales que puede pedir tu neurólogo se dividen en tres tipos principales:8
Las imágenes cerebrales se utilizan para examinar la estructura de tu cerebro, buscando problemas físicos como lesiones nerviosas, hemorragias, acumulación de líquido, encogimiento, aneurisma o un tumor. Los dos tipos principales de exploraciones cerebrales por imagen son la resonancia magnética (RM) y la tomografía computarizada (TC). La RM es más sensible y puede hacerse con o sin “contraste” (un tinte intravenoso especial que permite que la RM muestre los vasos sanguíneos con mayor claridad y detecte dónde puede haber una ruptura de la barrera hematoencefálica). Un tercer tipo de imagen cerebral es la tomografía por emisión de positrones (PET). A diferencia de la resonancia magnética o la tomografía computarizada, que examinan la estructura física del cerebro, la tomografía por emisión de positrones examina el funcionamiento de las distintas partes del cerebro. Esto se consigue inyectando un tinte radiactivo inocuo en el torrente sanguíneo y observando cómo se desplaza por el cerebro. Al igual que un mapa meteorológico que muestra las diferentes temperaturas en todo el país, una PET muestra diferentes niveles de actividad en diferentes colores, lo que ayuda a los médicos a determinar con precisión qué zonas de tu cerebro pueden estar funcionando mal o dónde puede haber acumulaciones anormales de proteínas.
Las tres exploraciones se consideran seguras y no invasivas, y requieren principalmente que permanezcas tumbado mientras la máquina te explora la cabeza. Estas tecnologías son importantes porque permiten a tu médico ver literalmente dentro de tu cabeza, para examinar distintas zonas de tu cerebro que pueden estar causando tus síntomas.

Ejemplos de distintos escáneres de imágenes cerebrales - Una evaluación neuropsicológica es una evaluación exhaustiva de tus capacidades cognitivas, como la memoria, la función ejecutiva, el juicio, la atención y el lenguaje. Esta evaluación suele constar de varias pruebas, que se administran a lo largo de varias horas. Puede ser mentalmente agotadora, pero proporciona una medida precisa del rendimiento de tu cerebro en una amplia gama de actividades.
- Los análisis de laboratorio examinan pequeñas muestras de sangre, orina o líquido cefalorraquídeo para buscar signos reveladores de diversos problemas, como una deficiencia tiroidea o vitamínica, una infección, problemas renales, acumulación de proteínas o la presencia de ciertos marcadores de enfermedad, como el pTau217 (un marcador asociado a la enfermedad de Alzheimer).
Una vez finalizadas todas las pruebas, probablemente volverás a reunirte con tu neurólogo para comentar los resultados y cualquier posible diagnóstico.
Una vez más, asegúrate de llevar a alguien conocido a esta visita. Esta conversación suele estar llena de mucha información y, a menudo, de terminología médica desconocida. Por eso es importante contar con un segundo par de oídos que escuchen, aclaren y tomen notas.
Y si el neurólogo te diagnostica un trastorno cognitivo, puede ser perturbador. Así que tener a alguien que te apoye tiene un valor incalculable.
