Cómo se supone que funciona la memoria

Memoria

La mayoría de nosotros definimos “memoria” como algo del pasado que podemos recordar en el presente.

Sabemos que algunos de nuestros recuerdos son más claros que otros, pero, en general, confiamos en ellos. Tenemos que hacerlo. Guían cada segundo de nuestras vidas y lo han hecho desde el día en que nacimos.

Esta “certeza” de nuestros recuerdos es la razón por la que nos resulta tan molesto cuando no podemos recordar algo, o cuando nuestros recuerdos resultan ser inexactos. Después de todo, si no se puede confiar en nuestros recuerdos, ¿cómo sabemos qué es real?

Pero esta fe en nuestros recuerdos, aunque comprensible, no es merecida. Nuestros recuerdos no están diseñados para ser perfectos. En cambio, están diseñados para recordar lo que es útil y olvidar lo que no lo es.

Citando a Charan Ranganath, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad de California en Davis, “el cerebro humano no es una máquina de memorizar. Es una máquina de pensar”.1 Así, la información que se almacena y cómo se almacena se basa en lo que nos ayudará a tomar decisiones mejores y más rápidas mientras navegamos por el mundo.

Recordar lo importante.
Olvidar lo que no lo es.

Recordar cada detalle de cada segundo de nuestras vidas sería extraordinariamente ineficiente, ocupando una cantidad masiva de la capacidad de nuestro cerebro y obligándonos a reproducir millones de detalles innecesarios antes de tomar cualquier acción, un retraso que podría afectar nuestro éxito, si no nuestra supervivencia.

Así, en lugar de un recuerdo literal, nuestros cerebros han aprendido a simplificar la memoria para registrar solo los elementos clave que deben recordarse rápidamente en el futuro.

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